En un principio un atuendo exclusivamente masculino, el traje de tres piezas, introducido y formalizado a finales del siglo XVII, se ha ido consolidando a lo largo de casi 350 años gracias a su capacidad única para el matiz y la variación.
Adoptando la célebre expresión de Le Corbusier, el traje es una máquina para vivir en ella, una armadura ceñida pero cómoda, constantemente revisada y reinventada de modo que se adapte bien a la vida diaria moderna.
El traje sigue siendo todavía un artículo fundamental en todos los vestuarios de moda masculinos (y la versión femenina en todos los femeninos) y ha experimentado en los últimos tiempos un renacimiento espectacular, manteniendo vivo el antiguo arte de la sastrería, que es el equivalente para hombres de la alta costura, un arte que data nada menos que del siglo XIV.
Puede que el traje sea la indumentaria de moda más exitosa y duradera que se haya ideado jamás, pero la belleza y el atractivo de su inherente sutilidad se han visto eclipsados por la naturaleza más llamativa y seductora de la moda femenina (por lo general diseñada, irónicamente, por hombres a lo largo de toda la historia, en lo que constituye otro ejemplo de la influencia de éstos),
Ciertamente, en los trajes el secreto estriba en los detalles-el número de botones en una chaqueta, la curvatura de un cuello o la profundidad de la vuelta en unos pantalones- y no en la estimulación, tal vez, una razón más por la que la moda masculina ha sido objeto de menor atención. Y, sin embargo, es precisamente la eterna adaptabilidad del traje lo que hace de él un atuendo tan dinámico.
Fuente 100 años de moda masculina- Cally Blackman


