Muchos desestiman a la alta costura porque la asocian con la riqueza. Pero una mujer puede ser elegante sin gastar excesos en ropa. Basta con que se rija por ciertas reglas básicas, y que sepa elegir lo que le favorece.
Los tres fundamentos del buen vestir son: simplicidad, buen gusto y prolijidad; y ninguno cuesta dinero.
Conviene inclinarse siempre por prendas de línea simple, con buen corte y que calcen bien.
Es importante el cuidado de la ropa. No se puede lucir impecable con prendas usadas y maltratadas.
Es aconsejable recurrir a ese toque personal que convierte a un vestido diseñado por un modisto, en algo propio. Ya sea la manera de atar un pañuelo, o la elección de accesorios que combinen. Pero, atención, no abusar.
Si se elige poner el acento en el color, hay que tener en cuenta que el manejo de dos tonos en un conjunto, es más que suficiente.
Los accesorios son importantes para una mujer que guste vestir bien.
Cuanto menos dinero se disponga más se necesitan los accesorios que renueven el look de un mismo vestido. Hay que comprar poco pero bueno.
El negro es el color más popular, el más conveniente y el más elegante. Se puede usar en cualquier momento, a cualquier edad y casi en cualquier ocasión. Un vestido negro es esencial.
Abajo los adornos insignificantes, el detalle pequeño es barato y para nada elegante. Sin embargo, esa palabra tiene otra lectura, y en tal caso sí, es para considerar: una mujer debe lucir espléndida, de pies a cabeza, en cada detalle.
Elegancia conjuga distinción, naturalidad, cuidado y simplicidad. Fuera de eso, sólo hay pretensión. Y de los cuatro ingredientes, quizás el cuidado sea el esencial: cuidado al elegir las prendas, al usarlas y al llevarlas.
Cuando se sigue a la naturaleza en los esquemas de color, no es posible errar.
El buen gusto hace a la real elegancia. Ni las ropas más caras, ni los mejores accesorios, ni las alhajas más glamorosas cuentan si no se saben combinar.
Se puede usar la misma vestimenta desde la mañana a la noche, no así la cartera, que debería cambiarse a una más chica cuando baja la tarde.
El buen diseño se basa siempre en la evolución natural y en el sentido común. Se puede provocar y llamar la atención con alardes, pero nunca serán elegantes.
La calidad hace a la elegancia. Es mejor un buen vestido caro que dos baratos, de mala factura. No es extravagante elegir materiales nobles en lugar de falsas imitaciones. A la larga, las buenas prendas durarán más.
Extravagancia se contrapone a elegancia. Ésta puede llegar a ser audaz, pero nunca extravagante, porque es sinónimo de mal gusto.
Cualquier cosa que uno haga, por placer o trabajo, debe hacerla con charme. Ahí radica el secreto de la belleza y de la moda. No existe el buen diseño sin cuidado, entusiasmo y encanto detrás.

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